lunes, 15 de abril de 2013

Letras Subterráneas



Rocksario

A mediados de 1980 aparece el primer número de esta publicación subterránea, que a diferencia de las otras que circulaban, tenía como única temática el rock. La revista hacía foco en la movida local y ahí se publicaron las primeras entrevistas al joven Fito Paez, por dar algún nombre. Letra set, máquina de escribir y fotocopias en blanco y negro (esto es literal la escala de grises no existía para la tecnología de la época) se doblaban al medio y ganchito mediante estaban listas para ganar la calle.

Se vendían a la salida de los recitales o en los bares del circuito rockero (escasos por cierto) los más audaces daban un domicilio donde ir a comprarlas y eso no dejaba de ser un riesgo. De hecho más de un editor tuvo visitas inesperadasen su hogar, la paradoja es que por seguridad los miembros del staff raramente ponían sus apellidos en la revista: se utilizaban seudónimos o el nombre de pila.

En el primer número aparecen como responsables editores, Daniel González, Juan Manuel y Roxana, el mismo incluía críticas de recitales, información de grupos locales, dos letras inéditas de Seru Giran, una reseña histórica del grupo Oasis y un reportaje al principal compositor del grupo Staff, Rodolfo Paez (primer nota publicada en su extensa carrera).


Letras subterráneas

A fines de la dictadura militar y principios de los '80 empezaron a asomar las primeras revistas subterráneas. Se vendían en conciertos de rock –fundamentalmente en la sala Lavardén y en la ex Asociación Cristiana de Jóvenes–. También se conseguían en algunas librerías puntuales, en los bares del circuito más under, entre la gente que se acercaba a la casa de Cucaño a ver teatro, performance, música experimental. Algunas estaban escritas a máquina, otras a mano con carbónicos. Todas ofrecían un lugar para quién quisiera llenar alguna de sus páginas. Todas estaban unidas con un mismo fin: provocar una comunicación alternativa a la oficial.

Desde 1981 en adelante las principales publicaciones subtes de la ciudad fueron: Smog, Acuarela, Cucaño y Rocksario. Entre estas y algunas otras más se llegó a fundar la Agrupación de Publicaciones Alternativas de Rosario (APAR) cuya sede funcionaba en la vieja casona de Cucaño, en calle Entre Ríos, entre Tucumán y Catamarca.

La idea por esos años era juntarse, contar experiencias, ayudarse mutuamente y generar algunas acciones culturales. Pero sobre todo: resistir desde el periodismo.

“Ahora que lo veo a la distancia se notaba que teníamos cierta ingenuidad. Igual fue una experiencia maravillosa. Crecimos todos. Y la mayoría de los que estábamos en esa movida, hoy seguimos en el mismo camino”, cuenta Horacio Vargas director de la revista Smog.
Smog, reflejaba la cultura rockera del momento, las primeras pinceladas de la Trova Rosarina, la preocupación por el medio ambiente y también se publicaban cuentos de autores censurados como Julio Cortázar.

Jorge Santa María estaba a cargo del diseño gráfico, y la publicación contaba con colaboradores como Fernando Razzetti y Chiquito Gómez, entre otros.
“Del movimiento en que participaba todas estaban atravesadas por hacer periodismo joven, una definición amplia donde cabía todo lo que pasaba en ese momento y no se contaba en los grandes medios”, añade Vargas.



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